El transporte sostiene la producción, el abastecimiento y la vida cotidiana. Ese papel esencial también plantea el desafío de reducir consumos improductivos, emisiones y desperdicios sin perder capacidad operativa.
La transición no depende únicamente del tipo de combustible. Incluye conducción eficiente, mantenimiento, mejor ocupación de las unidades, disminución de kilómetros vacíos y decisiones de renovación basadas en el costo total de operación.
Una logística más sostenible puede ser también una logística más competitiva. Medir, comparar y mejorar permite cuidar recursos mientras se fortalece la rentabilidad de las empresas.
